Agustina Bornhoffer

Estudia diseño gráfico en la Universidad ORT para luego mudarse a Valencia a realizar un máster en Mercado Internacional de Arte Contemporáneo y más tarde un programa sobre Prácticas Artísticas y Pensamiento Crítico en el Instituto Valenciano de Arte Moderno.

Realiza su pasantía en Jorge López Galería, para luego trabajar como asistente de dirección, simultáneamente cursando el taller online de Asesoría de Colecciones de Arte y Curaduría en Christie’s Education. Participa como asistente de galería en ARCO Madrid y luego en SWAB Barcelona y Estampa, junto con Galería Vangar.

Recientemente inauguró la exposición Tierra de Nadie junto con Candela Bado y Jorge López Galería en Valencia, seleccionado por el Ministerio de Educación y Cultura de Uruguay para la beca Programa Petrona de internacionalización de las artes nacionales.

Actualmente, se encuentra desarrollando el proyecto editorial Contextos, un archivo digital e impreso dedicado a la publicación de curadores latinoamericanos.

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Diputación de Cuenca, España
Exposición de Antonio Ovejero
Comisariada por Agustina Bornhoffer


Desde que conocí a Antonio, su obra me generaba curiosidad. No lograba entender por qué un artista joven con tanto talento era devoto hacia una historia que parecía ajena a él.

Pasé mucho tiempo escribiendo mentalmente sobre su obra, y tratando de comprender el discurso que escondían estas señoras con sus bolsos, accesorios y vestidos.

Fue hace relativamente poco que Antonio me contaba con mucho entusiasmo lo que le impulsaba a retratar imágenes con una estética tan kitsch, donde las protagonistas eran Paca, Conchita, Fernanda, y tantas otras señoras con las que se había cruzado y cuyas vidas admiraba. El detalle con el que describía el sonido de las pulseras golpeándose, las conversaciones y los aromas, me introdujo en la escena de tal forma que parecía atravesar la imaginación para transformarse en realidad.

Antonio logra generar un recorrido temporal a través de sus obras, adentrándose en temáticas controversiales y cargadas de emocionalidad, transitando desde el anhelo hasta una meta impuesta por una sociedad y avalada por las mujeres que la componen.

Resulta ostentoso y avasallador el descaro con el que se presentan estas joyas, zapatos y estampados tan llamativos. La elección impuesta de mostrar lo mejor como objetivo, sin admitir nada que pueda comprenderse como inferior a eso, que va mutando hasta transformarse en una fiel representación del empoderamiento y reafirmación que asegura que la meta fue alcanzada.

Las conveniencias sociales juegan un papel sumamente importante en el discurso que esconden las obras del artista y se posiciona paralelamente con imágenes muy claras que construyen la cotidianeidad: ponerse unos tacones para hacer la compra, sentarse en la silla de plástico con sus mejores joyas, y tantas otras de las que el tiempo y nosotros hemos sido testigos.

La mirada ajena de la que me hablaba Antonio se traslada ahora al espectador, mientras analiza la obra en busca de los detalles y se dedica inherentemente a criticar o, en su defecto, alabar lo que ve.

Se puede percibir cómo la ostentación inunda la sala, escondiendo las historias y anhelos de nuestras abuelas y las que vendrán. La misma ostentación que permite el avanzar sin dejar atrás la memoria de lo que fue, sino utilizándolo conscientemente en la presencia del día a día.

Lo que observamos en estas obras es el resultado de la suma de muchas cosas. Es un abrazo al sacrificio de tantas mujeres, la culminación de su esfuerzo prolongado; es un respiro profundo.
07.2024