Agustina Bornhoffer

Estudia diseño gráfico en la Universidad ORT para luego mudarse a Valencia a realizar un máster en Mercado Internacional de Arte Contemporáneo y más tarde un programa sobre Prácticas Artísticas y Pensamiento Crítico en el Instituto Valenciano de Arte Moderno.

Realiza su pasantía en Jorge López Galería, para luego trabajar como asistente de dirección, simultáneamente cursando el taller online de Asesoría de Colecciones de Arte y Curaduría en Christie’s Education. Participa como asistente de galería en ARCO Madrid y luego en SWAB Barcelona y Estampa, junto con Galería Vangar.

Recientemente inauguró la exposición Tierra de Nadie junto con Candela Bado y Jorge López Galería en Valencia, seleccionado por el Ministerio de Educación y Cultura de Uruguay para la beca Programa Petrona de internacionalización de las artes nacionales.

Actualmente, se encuentra desarrollando el proyecto editorial Contextos, un archivo digital e impreso dedicado a la publicación de curadores latinoamericanos.

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La Hidráulica

La Hidráulica es un proyecto colectivo fundado por cinco artistas que comparten un taller en el barrio de Benicalap. Este espacio, más que un lugar de creación, busca ser un catalizador para el arte emergente, con una misión clara: fomentar el diálogo entre prácticas artísticas diversas y la conexión con la comunidad creativa local. 

Está compuesta por Antonio Ovejero, María Requena, Joar Remolar, Carla Velasco y Manuel Santiso, cinco artistas cuyas trayectorias y enfoques artísticos son tan variados como complementarios. Para consolidar su visión colectiva, el proyecto cuenta con la curaduría de Agustina Bornhoffer.

El 21 de febrero de 2025, La Hidráulicla abrió sus puertas con un Open Studi. Este evento inaugural no solo presentó el colectivo a las 200 personas que asistieron, sino que también permitió descubrir el trabajo individual de cada artista en un ambiente accesible. 

La Hidráulicla no se detiene en su Open Studio. El colectivo tiene como objetivo ampliar sus actividades, colaborando con otros artistas y estudios de la zona para dar visibilidad al arte emergente y fortalecer los lazos dentro de la comunidad artística de Valencia. Este espacio promete convertirse en un núcleo de creación, diálogo y experimentación.
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Es complejo convivir en sociedad cuando la única constante parece ser uno mismo, y ni siquiera eso. Ahora, pongamos que esa convivencia no se limita a salir a la calle, a un bar, a un cumpleaños; no puedo decirle que hoy no tengo ganas ni que mi batería social no da para más. Si la convivencia te confronta constantemente en el día a día, cuando no hay cómo salir o escapar de ella, se convierte en otra constante más.

Como todo aquello que me enfrenta y se oculta a simple vista, esta constante es ahora un lunar más de los 48 que tengo en el brazo. Antes cambiante, tan sutil y discreta, depende de mí para no desvanecerse. Y si pudiese alejarme, tampoco querría.

Sin pedir permiso se pegó a mí y ahora mi voluntad es obsoleta: el azar y el cambio son partes esenciales del proceso. ¿Cómo evoluciono si nada me confronta?

El contexto se elige (creo) y por lo tanto es una elección que, como todas, lleva a una toma de decisiones irrefrenable. Me obliga a crear este embudo de pico fino por el que me deslizo, buscando algo mínimamente estático, algo reconocible, aunque sea solo por un rato.

Este cambio que me arrastra como una ola es inevitable, y eso es lo único que tengo claro. Pensé que lo podía manejar, pero no estoy tan segura de que sea lineal o no, azaroso o no.  Mientras lo atravieso, llego a la conclusión de que, cuando se trata de cambios que me veo forzada a enfrentar, lo único certero es su incertidumbre.

Otra cosa más que no depende de mí.

Para no volverme loca y tirarme a llorar frente a la epifanía de que nada en mi vida está bajo mi control, digamos que todo este proceso es parte de una evolución, y por tanto, de un progreso, ¿no? Y si el progreso implica, de nuevo, cambio, implica un camino a transitar y un montón de puertas hipotéticas que tengo que decidir si atravesar o no, para llegar por fin a ese resultado que veo pero no alcanzo. 

El resultado está ahí, presente, siempre a la vista, y sé que tiene un momento; todo llega a su debido tiempo, y si tanta gente lo repite, será por algo. Pero es tan omnipresente como incierto, sutil, esquivo… Tanto que se me escapa. Todo tiene su tiempo. El proceso es tiempo, el progreso es tiempo, y la evolución también. Siempre termino trayendo las cosas que, eventualmente, deberían llevarme a un fin.

Texto x Agustina Bornhoffer
02.2025